Uno de los aspectos fundamentales de nuestra vida, es el de relacionarnos con otras personas. Ya sea en casa, en el trabajo, en la calle, etc, continuamente estamos relacionándonos. Por supuesto, algunas relaciones son más importantes que otras. Pero… ¿por qué? Pensar acerca de esto podría ser muy valioso…

El hecho de que algunas relaciones sean más importantes que otras, nos muestra algo fundamental acerca de nuestra naturaleza: nos dice que “quienes somos” y “quienes podemos llegar a Ser” está críticamente atado a nuestras relaciones (pasadas, presentes y futuras). Los medios y las posibilidades de nuestra vida no provienen de un ser aislado, sino de una red de relaciones. Es nuestra inter-acción con los demás la que nos provee los recursos para vivir… y esto tiene una influencia decisiva en la calidad de nuestra existencia.

Ciertamente, valoramos nuestra privacidad (nuestro tiempo para estar solos): nos gusta tener paz y poder aislarnos del mundo por un rato… pero no pasa demasiado tiempo sin que busquemos la compañía de otras personas. De ahí que valoremos tanto entablar conversaciones que nos nutran y estimulen, que nos den alegría y nos entretengan, nos den satisfacción y un sentimiento de plenitud y logro.

En realidad, nuestra existencia es una Co-existencia, ya que vivimos y trabajamos con una gran cantidad de personas. Como “seres sociales” que somos, co-existimos con los demás: necesitamos de ellos y nos apoyamos en ellos. Las relaciones y las conversaciones nos permiten coordinar las acciones con las demás personas. Gracias a esta coordinación, obtenemos cosas que -de otra manera- serían muy difíciles o imposibles de obtener. Esto se aplica tanto a una simple familia (cuyos integrantes van al trabajo y a la escuela cada mañana), como a grandes empresas altamente especializadas (donde las personas trabajan juntas compartiendo sus conocimientos).

Si las relaciones son tan importantes, entonces, uno de los grandes desafíos de nuestra vida es construir y mantener relaciones positivas. Podemos decir que las relaciones positivas, son aquellas que proveen el contexto en el cual podemos aprender, crecer y sentirnos “bien” (con nosotros y con lo que estamos logrando).

La confianza permite que las relaciones positivas florezcan y se desarrollen. Cuando la confianza se erosiona, las relaciones se deterioran. Las dudas que podemos tener acerca de otra persona, actúan como un veneno o un “cáncer”, esparciéndose rápidamente y saboteando la relación.

Todos nosotros, en algún momento, desconfiamos de alguien. Hay personas que -apenas las conocemos- nos hacen sentir incómodos. Expresiones tales como “Mejor perderlo que encontrarlo”, expresan esta falta de confianza. Desafortunadamente, la desconfianza también incluye a personas que conocemos desde hace tiempo. La desconfianza tiene un impacto devastador en nuestras relaciones (y sobre la calidad de las conversaciones que suceden dentro de ellas): silenciosamente, comenzamos a dudar de las motivaciones y conductas de los demás y, al hacerlo, cambiamos nuestras propias conductas hacia ellos.

Aunque la confianza es un componente indispensable de las relaciones positivas y productivas, la consideramos “dada por hecho” demasiado rápidamente. Y sólo nos preocupamos por ella, cuando sentimos que se ha roto. La confianza es un elemento muy frágil de las relaciones, que necesita nutrición continua.
“La confianza es el cemento que mantiene unidas las relaciones”
Pero… ¿qué es la confianza? Es interesante notar que, cuando no nos sentimos cómodos con alguien, más allá de las circunstancias, no siempre sabemos explicar exactamente qué es esa incomodidad. De lo único que tenemos certeza, es del fuerte “presentimiento” o “corazonada” que sentimos.

Es verdad: la confianza es una “sensación”… pero podemos ser aún mucho más precisos! Podemos decir que es -simultáneamente- una sensación y un fenómeno lingüístico (por ejemplo, como un juicio o una opinión). El presentimiento es tan sólo el componente emocional de la confianza (el más fácil de reconocer), aunque no es capaz de articular el componente lingüístico de la misma: o sea, describirla con precisión.

Si nos enfocamos en el componente lingüístico, la confianza puede describirse como un triple juicio (o conjunción de tres opiniones): cuando confiamos -o desconfiamos- de alguien, en realidad lo que hacemos es juzgar su sinceridad, su confiabilidad y su competencia. Confiar o no hacerlo, siempre conlleva nuestra opinión, acerca de estos tres puntos.

Juzgamos la sinceridad, cuando evaluamos si alguien es genuino o tiene “intenciones ocultas”. Juzgamos la confiabilidad, cuando necesitamos comprobar que alguien puede cumplir con sus compromisos (por ejemplo, entregando los trabajos en tiempo y calidad acordada). Y por último, juzgamos la competencia cuando reconocemos que alguien posee las habilidades necesarias, para completar satisfactoriamente una tarea.

Es por esto que la confianza también está ligada a nuestra identidad. La “reputación”, o la imagen que las personas tienen de nosotros, ya sea positiva o negativa, no puede estar divorciada de los juicios que -continuamente- nuestro entorno hace acerca de nuestra sinceridad, confiabilidad y competencia. Las conversaciones que las personas desean -o no- tener con nosotros, y las relaciones que desean -o no- desarrollar, estarán fuertemente influenciadas por nuestra identidad.

Como creamos nuestra reputación a través de nuestras acciones, gran parte de esta reputación proviene de la manera en que nos relacionamos con los demás: la manera en que hacemos y respetamos los acuerdos. ¿Coinciden nuestras palabras con nuestras acciones?

Para profundizar esta reflexión, piense en dos personas importantes de su entorno: una con quien tenga una relación positiva y otra, en que la relación no lo sea tanto. ¿Qué diferencias encuentra en sus propios juicios, acerca de la sinceridad, confiabilidad y competencias de cada una de ellas? ¿Qué es diferente -emocionalmente hablando- en esos juicios? ¿Qué es diferente -cualitativamente hablando- en las conversaciones? ¿Qué conversaciones y acciones (usted y la otra persona) necesitan realizar para construir confianza? ¿Qué pequeños pasos está dispuesto a dar, para lograr ese tipo de conversaciones?

Las relaciones que se rompen, siempre tienen un alto costo: éste puede ser emocional, físico, mental… o financiero! Nuestro dolor, ya sea como individuos, como familias, equipos de trabajo, o sociedad, proviene de no tener relaciones de calidad y altamente confiables. Por esto, podemos mejorar nuestros resultados, nuestra satisfacción y nuestra calidad de vida en general, si no descuidamos la importancia de nuestras conversaciones y trabajamos en ellas, día a día… desarrollando confianza!

Facebook

Likebox Slider Pro for WordPress
Share This